jueves, 9 de abril de 2015

“A los ojos de Gaitán”

“El caudillo” muchos ya saben su historia, su vida y controvertida muerte, que incluso en nuestros tiempos sigue llevando gente a la cárcel. Él, Jorge Eliecer Gaitán reconocido político colombiano del partido liberal, a quien siempre recuerdo por la ya popular frase impresa en cada uno de los billetes de mil “yo no soy un hombre, soy un pueblo” y a un lado su imagen, la figura de un hombre que para muchos “hubiera cambiado la historia de este país”. Un país que paradójicamente para mí, sigue pasando frente a sus ojos.

Casi todas las noches acostumbro ir a un parque que esta a pocas cuadras de mi casa a tomar café, éste como casi todos los parques del país es muy concurrido, esta ubicado frente al Hospital Universitario San Jorge, es una zona verde de viejos arboles que ya dejan ver sus años en sus gastadas ramas y sus maltratados troncos, en el unas sillas de frío concreto que miran hacia hospital y en el centro “Gaitán” con la cara un poco oscura, de saco y corbata. Pido mi café en el “Saltarín” que esta frente a los perros del mono, un ya reconocido puesto de comidas rápidas del parque, mientras espero mi café soy rodeado por un grupo de enfermeras que salían del hospital y venían cada noche a tomar café en las horas de su descansó, de lo cual don Mario, dueño del “saltarín”, se alegra mucho y no precisamente porque va a vender más café, sino más bien, como él lo dice, por alimentar el ojo. Me entrega el café mientras sonríe pícaramente.

Anarquía y soledad.
Decido sentarme en una de las sillas del costado ya que llega poca luz y así evito que otros me vean. Las luces centrales siempre están apuntando hacia el “serio”, Gaitán Desde donde estoy se escuchan las guitarras de los “punkeros” un poco desafinadas, sus voces cansadas y roncas al parecer consecuencia de dos botellas de Moscatel que están en el piso, a pesar de la poca luz uno de los punks me vio y se acerco entre las sombras a mi silla, se sienta a mi lado y yo clavo mi mirada al piso como diciendo esto no es conmigo, me saluda y sin preámbulo alguno textualmente me dice “ey parcerito me va a ajustar 200 pa un bareto”, ya como de costumbre le digo que no tengo plata, esperando que se alejara pronto aunque la verdad no sirvió de mucho, se sentó a mi lado por más de treinta minutos sin pronunciar una palabra más, los que me permitió observar de manera detallada, sus que jeans entubados, gastados y un poco sucios, su camiseta blanca que tenía una “A” encerrada en un círculo, símbolo propio de anarquía; el olor que lo acompañaba era una mescla de marihuana, sudor, alcohol y vino, todo tan fuerte que contrastaba con la mirada perdida y solitaria que sostuvo durante esos eternos treinta minutos en los que pareció no pensar, luego se para me miro a los ojos y se sonrió como diciéndome “todo bien, nos vemos”, el punkero drogado y ebrio me arranca un sonrisa  mientras el “serio” Gaitán no quita la mirada del frente siempre atento a lo que pasa en su parque. 


Romance en el Gaitán.
En otra de las sillas del parque una mujer muy arreglada cruza las piernas muy coqueta mientras fuma un cigarrillo y toma su café, pareciera estar esperando algo o a alguien los hombres que cruzan el parque no pueden evitar mirarla, el escote de su espalda parecía un imán de miradas, uno a uno, algunos muy tímidos y otros no tanto se giraban para admirar a tan coqueta mujer; desde donde estoy no puedo escuchar muy bien lo que algunos osados le dicen al pasar, lo que si logro ver es su sonrisa ante cada uno de los que parecen ser halagadores piropos. Después de unos quince minutos de conmoción peatonal un hombre se sienta junto a la mujer, se acerca lentamente la toma por el cuello y le da un beso en la mejilla, pareciera estar muy a gusto ríe a carcajadas, sin perder su toque seductor, el hombre se para le toma la mano la envuelve con sus brazos y ataca sus labios con un beso, que pareciera para ellos detuviera el tiempo. Sin más se toman de la mano y cruzan lentamente el parque del caudillo.

Mi cama la calle.
Antes de regresar a mi casa me doy cuenta que junto a mi silla sentado en el prado un habitante de la calle rebusca entre su estopa y saca algunos cartones, me pregunta si me voy a demorar mucho, la verdad no entiendo por qué, así que le pregunto y me contesta “ya son más de las once y es hora de dormir”, yo le respondo que no hay problema que me he quedado hasta más tarde, él se sonríe, que no lo dice por mi  contesta, que esa, la silla de frío concreto sobre la que yo he estado más de dos horas, es su cama, es donde después de recorrer las calles de toda la ciudad Pereira viene a descansar, me cuenta que le gusta por los perros, ellos cuidan de su sueño  y evitan que algunos inescrupulosos los golpeen en las noches; incluso los viejos árboles del parque le sirven para escudarse da la lluvia cuando no es fuerte, me cuenta que algunos de los muchachos le comparten café e incluso uno que otro trago, pero que eso no importa él solo quiere descansar después de tanto camello dice, que la silla aunque fría e incómoda es más segura  que el piso, le pregunte que el porqué de los cartones que si era reciclaje a lo que respondió “no mijo estos cartones son mi colchón y mi cama es la calle”.


Es hora de partir, el verde del parque entrecortado por los adoquines del piso son el camino de cientos de historias y estas son solo algunas, el busto de Gaitán es testigo, el caudillo aun pareciera poder verlo, y todo esto pasa frente a los ojos de Gaitán.

1 comentario:

  1. Muchos dirán que es un parque donde solo se ve jóvenes con malos habitos o personas no muy viables para la sociedad, pero quien dice que personas son viables y correctas en algún momento de nuestras vidas tendremos caídas y las tendremos que afrontar, y los problemas no solo son los que vemos en el Gaitan sino también en otros lugares.
    Tenemos que recordar que no debemos de juzgar a las personas por el físico o algunas de sus acciones hasta no conocerlos de verdad, cada persona tiene su vida y da todo lo posible por llegar a donde quieren o sino miremos al ese hombre que su cama es esa fría silla, no esta en ese lugar porque lo merece sino porque la vida es dura y el lucha por salir adelante cada dia.
    Sabio tu escrito

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